En cualquier sistema de gestión relacionado con la seguridad, la prevención y la respuesta especializada aplicada a un área, ubicación, región o país, debe haber al menos cinco etapas secuenciales y lógicas que permitan el desarrollo adecuado del sistema.

La primera etapa es el estudio de referencia, que no es más que la imagen inicial de lo que se está desarrollando en ese momento, la misma que podríamos responder con dos preguntas: ¿Qué recursos logísticos y humanos están disponibles? Y, ¿cuál es la condición del país, la ubicación geográfica y el paisaje geopolítico?

El segundo es el análisis de riesgos, que implica conocer el área que se está estudiando, comprender cuáles son los principales peligros y riesgos, a fin de modular su impacto contra un conjunto de posibles eventos no deseados.

Como tercera etapa, tenemos el desarrollo de planes de contingencia, aunque hay planes de seguridad, operación y emergencia, es necesario contar con un gran plan que nos cubra ante posibles eventos, como la falta o escasa cantidad y Calidad de los recursos, la limitada disponibilidad de personal y / o contexto social. Si tenemos un plan de contingencia, tendremos la ruta adecuada para ofrecer una respuesta según las necesidades.

La capacitación y la práctica son tan importantes como las etapas anteriores, que se desarrollarán de manera óptima después de haber realizado todos los procesos descritos anteriormente. Si la capacitación es rigurosa, entonces nos beneficiará en la creación de un plan de estudios relevante y de acuerdo con las necesidades de la industria.

Para la creación de este plan curricular, es esencial tener en cuenta la información sobre riesgos, peligros, recursos y capacidades de respuesta, no solo internamente, sino también externamente (local, regional, nacional e internacional). Asimismo, un lenguaje estandarizado permitirá la interacción con otras organizaciones externas.

Una vez finalizada esta etapa, debemos considerar el desarrollo de simulaciones y sesiones simuladas, que deben realizarse de acuerdo con las herramientas propuestas al principio de este artículo. El objetivo principal de esta última etapa es poder demostrar, de manera real y efectiva, si todo lo planificado, creado y desarrollado en los planes iniciales y la capacitación funcionará en el momento de la emergencia.

Para ello, una simulación implica el desarrollo de herramientas que incluyen procedimientos, protocolos, planes y formularios que organizan una respuesta simulada en una sala, frente a un caso hipotético con área geográfica, recursos logísticos y humanos, previamente registrados en un manual o guía. que permiten al participante una libertad de decisión limitada a una cantidad limitada de recursos, lo que hace que este parámetro sea un ejercicio más real.

Las simulaciones deben ser sin previo aviso (con previo aviso y sin previo aviso). Esto nos permite analizar la capacidad real de respuesta, no solo a nivel estratégico sino también táctico y operativo en situaciones de emergencia.

Una evaluación seria de la simulación nos permitirá saber si los recursos disponibles pueden responder realmente a las necesidades inmediatas y en qué medida pueden cubrir los eventos no deseados ya estimados en el análisis de riesgo. Asimismo, nos ayudará a verificar si el plan de contingencias se ajusta a lo que tiene y si, después de todo, será efectivo durante la emergencia.

Cada etapa, una sobre la otra, cumple un papel fundamental y omitirla, tendría consecuencias negativas para su seguridad, la de sus colaboradores y el medio ambiente, por lo que es esencial contar con un equipo especializado para guiar con rigor y eficiencia, cada una . Recuerde que usted es un ciudadano corporativo y, como tal, tiene derechos y deberes, salvaguardar la seguridad química de su empresa y el medio ambiente, es uno de ellos.